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Caissa como aparece en el libro de Sir Williams Jones, ediciòn publicada en Londres en 1810


Los jugadores y aficionados del ajedrez son afortunados, están protegidos por una diosa griega: Caissa.

El mito de esta diosa fue creado en el Siglo XVIII.
El británico Sir William Jones escribió, en 1763, un poema cuyo título era el nombre de esta divinidad.
El poema se dio a conocer en una de sus obras publicadas en Oxford, en 1772.



POEMA ORIGINAL DE CAISSA

Pronto cobró popularidad en Francia y el poema fue publicado en La Palaméde, la primera revista de ajedrez, editada por Labourdonnais, en París en 1836.
Hoy dìa, en todos los confines veneramos a Caissa, que es la forma poética de decir ajedrez.
Leyendas de Caissa

1. El poema de Sir William Jones trata de las proposiciones amorosas que Ares, el dios de la guerra, hizo a la musa Caissa. Ésta no mostró el más mínimo interés por Ares, que desesperado pidió ayuda a Apolo, dios del deporte (y de la medicina, la luz, la música, etc...). Apolo creó el ajedrez para que Ares se lo ofreciese a Caissa como regalo.


Filatelia del Paraguay en homenaje a Caissa



2. Caissa era una joven diosa que hacía predicciones sobre el porvenir. Viendo cómo serían los ejércitos del futuro decidió crear un juego en el que para ganar fuese necesaria la inteligencia y el valor.
En el juego participarían dos ejércitos, uno blanco y otro negro, que intentaban matarse unos a otros; y se jugaría sobre un tablero dividido en ocho casillas por lado y alternativamente de color blanco y negro. Cada ejército estaba compuesto por ocho peones, dos torres, dos caballos, dos alfiles, una reina y un rey.
Los peones tenían la habilidad de andar dos casillas en su primera jugada, pero recibían una maldición que les impedía matar a los soldados enemigos que estuvieran enfrente suyo. Sólo podrían capturar a los que estuviesen en la casilla más próxima en diagonal.
Las torres tenían la habilidad de enrocar con el rey, pero sólo podrían mover en horizontal. En el enroque el rey pide defensa. Anda dos casillas en dirección a la torre y esta salta por encima para ponerse a su lado.
Los caballos tienen la habilidad de saltar por encima de las murallas enemigas, pero
sólo podrían mover una casilla como la torre y una casilla en diagonal, y siempre alejándose.
Los alfiles representan obispos y que no matan en nombre de la
religión sino del rey. Por su gran crueldad reciben la maldición de poder moverse sólo por las casillas de un mismo color, en diagonal.
La dama, o reina, fue hecha a imagen de una diosa, por lo que se convirtió en la pieza más poderosa del tablero.
Y el rey fue creado a imagen de los grandes guerreros que habrían de surgir. El rey recibió la maldición de no poder acercarse a una casilla del rey adversario.

Tras crear el juego Caissa resolvió esconderlo para que no lo viesen y se lo destruyesen. Como no sabía cuál sería un buen lugar para esconderlo decidió elegir cualquier lugar de la Tierra. Lanzó el juego y fue a caer en la India.
Cuando los indios descubrieron el juego quedaron impresionados. Intentaron jugarlo de varias maneras, pero siempre había desacuerdos entre los jugadores. Cierto día decidieron hacer algunas reglas que debían se respetadas por todos los jugadores.
Pasaron muchos años desde que Caissa había lanzado el ajedrez a la Tierra, y decidió recuperar su juego para mostrarlo en su país, pero cuando supo que el juego ya era muy conocido y jugado decidió protegerlo, convirtiéndose en su musa y dejándolo definitivamente en la Tierra.



La belleza de Caissa


Sobre Caissa: el ex-campeòn mundial Miguel Tal escribió:

"Al igual que todas las diosas mitológicas, ésta también exige sus sacrificios. Sus servidores son generosos: ¡cuántos de ellos le ofrecieron toda su vida!... pero los sacrificios que con más frecuencia se ofrecen a Caissa son sus propios bienes: alfiles, peones, caballos.
¡Cuántos de ellos son sacrificados para mayor gloria de la diosa! ¡Incluso las propias reinas, a veces, son entregadas voluntariamente! Naturalmente, la suerte de estas ofrendas es muy distinta.
Unas cuantas son aceptadas por Caissa y entonces el ajedrecista alcanza la gloria y el reconocimiento de sus contemporáneos. Pero no siempre, ni mucho menos, estos sacrificios complacen a la diosa. Entonces, qué se le va a hacer, hay que esperar a otra ocasión..."

La imagen màs popular de Caissa.

Sus enamorados:

Wilhem Steinitz: ella le enseñò los secretos de la estrategia ajedrecìstica. El nunca dejò el amor por Caissa. Es màs desafiò al Dios Supremo a darle peòn y salida. La Diosa lo miraba y sonreìa, su amado habìa sufrido trastornos mentales, y con un suave jaque lo llevò
consigo.

Alexander Alekhine: Todo por el ajedrez. Preparaciòn y psicologìa. Ella lo premiò susurràndole al oìdo como derrotar a Josè Raùl, cuando nadie lo creìa
posible. Èl le dedicò su vida a Caissa y fue Campeòn del Mundo hasta que la Diosa lo invitò a reunirse con ella.

Harry Nelson Pillsbury: Pactò amor eterno con Caissa. En 12 años de competencia arrasò incluso hasta con el propio Campeòn del Mundo. Ella era su consejera y
su ajedrez fue tan brillante que la Diosa lo invitò rapidamente a su lado.
Rudolph Charousek: En 4 años de pasiòn por Caissa, aprendiò los mas secretos misterios del ajedrez. Destrozaba a sus rivales con hermosas combinaciones.
Cuando amenazaba con ser el nuevo Campeon del Mundo, ella considerò que era mucho mejor llevarlo lejos del mundo terrenal para que su gloria sea un mito para siempre en la memoria de todos los ajedrecìstas.

Hoy su mayor amor es Vìctor Korchnoi "el terrible".
CAISSA


Los amores que rompieron con Caissa:

Paul Morphy: Ella le entregò casi toda su sabidurìa y èl aplastaba a sus rivales, sin que nadie le hiciera verdadera sombra. Sin embargo este romance solo
durò unos 5 años, ya que èl la abandonò inesperadamente.

Josè Raùl Capablanca: fue quizàs el amor màs grande de Caissa. Ella lo dotò con todos los conocimientos capaces de ser retenidos por el cerebro humano.
El en principio correspondiò ese acto de amor a la perfecciòn, hasta llegar a tener el mote de "maquina del ajedrez". Pero cuando obtuvo el Tìtulo terrenal Supremo, en 1921, èl dejò de sentir esa pasiòn por la Diosa y el fuego entre ambos se fue apagando hasta llegar a desaparecer.
Sin embargo Capablanca retomò ese amor entre 1934 y 1936 pero ella dudaba de que èl volverìa a hacer lo mismo que en 1921 y su corazòn partido decidiò poner fin al mayor romance de la
historia de nustro juego.

Bobby Fischer: Otro gran amor. Ella ofreciò su corazòn, èl su alma y su pasiòn. Eran una pareja perfecta.
El llegò a lo màximo del ajedrez, ella lo acompañaba hasta en sus sueños.
Pero èl comenzò a quejarse de cosas mundanas y la Diosa se desilusionò. Caissa hablò con Bobby y dijo que su amor ya no era tal y que lo iba a abandonar.
El genial Bobby decidiò dejar el ajedrez para siempre en 1972.
En su retorno de 1992, èl pudo demostrar algo de lo que aprendiò con la Diosa, pero se notaba que el romance ya no existìa.

Hoy su triste desengaño amoroso es Gary Kasparov.